«Un intento por constituir una manera de repensar y relacionarnos con las ciudades». Por medio de intervenciones efímeras, Marlon de Azambuja quiere resaltar algunas características de piezas del urbanismo rambleño, sugiriendo volúmenes, ángulos, subvirtiendo sus funciones originales, estableciendo conexiones con otros medios, buscando ampliar los diálogos y las experiencias posibles entre el espectador y su entorno.
Marlon envuelve de manera similar elementos arquitectónicos o de mobiliario urbano, con cinta adhesiva de colores. Al hacerlo, subraya huecos y crea volúmenes que sólo implícitamente ya existían. Otra idea que plantean sus acciones es la de dibujar en el espacio, con variantes procesuales. De Azambuja confiesa su admiración por los artistas del movimiento neo-concreto brasileño, y en particular por Hélio Oiticica, pero también por coetáneos como el portugués Carlos Bunga o el cubano Carlos Garaicoa. Las intervenciones urbanas del brasileño carecen del carácter institucional que determinan las obras más ambiciosas de Christo; al contrario, gusta de la clandestinidad y de pasar relativamente inadvertido, y se enmarca en un tipo de acción artística que aspira menos a lo espectacular que a la llamada de atención sobre determinadas líneas, planos, volúmenes del entorno cotidiano y sobre nuestras relaciones, visuales y corporales, con los mismos.
En su proyecto Potencial Escultórico busca justamente establecer esa relación que le parece tan esencial entre obra y entorno, potencializando el carácter escultórico existente en el mobiliario urbano. Bancos de plaza, farolas, papeleras, paradas de autobús, prácticamente cualquier objeto del mobiliario de la ciudad contiene en su propia morfología, un comentario escultórico que normalmente queda ofuscado por su carácter funcional. De hecho, este mobiliario es la escultura publica por excelencia.
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